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¿Qué tensiones se presentan en la relación entre economía, ecología y desarrollo humano?

Con la aparición del neoliberalismo a finales del siglo XX como respuesta a la crisis económica entre las décadas de 1970 y 1980, surge la confianza en el mercado como una manera de mejorar la eficiencia económica y la asignación de recursos. Así mismo, aparece una mercantilización de la vida, a la que Foucault (2007) aludía como el nacimiento de la biopolítica. Todo tiene un precio: la salud, la educación, el trabajo, la seguridad, entre otros. Es así como la economía neoliberal gestiona el desarrollo de la vida en clave de la privatización, la desregulación del mercado, la desestatización, entre otros. 

Desde esta mirada, valores como el tiempo con los demás, la escucha, el contacto, entre otros, se miden en términos de rentabilidad, de eficiencia. Vivimos en una sociedad donde los valores del mercado han permeado todos los aspectos de nuestra existencia. Desde la educación hasta las relaciones personales, el enfoque neoliberal ha distorsionado nuestra percepción de lo que realmente importa. Las relaciones interpersonales han sido impactadas por esta lógica del mercado. La necesidad de maximizar beneficios ha llevado a una cultura de superficialidad, donde las conexiones humanas se valoran en función de su utilidad.  

En este sentido, aquellos saberes que no conducen al fortalecimiento de ese estilo de vida, como lo indicara Nuccio Ordine (2013) en su obra La utilidad de lo inútil, son considerados saberes inútiles. La filosofía, en este caso, dirige su mirada hacia una vida de consumo cuyos valores son fijados por el mercado, la cual repercute en las relaciones entre los seres humanos y entre ellos y la naturaleza. Este fenómeno no solo afecta nuestra calidad de vida, sino que también socava los principios fundamentales de la empatía, la solidaridad y el bienestar colectivo que son valores esenciales en el mundo actual. 

Frente a estas condiciones, surgen voces que nos alertan sobre el destino de la humanidad si seguimos orientándonos bajo estos valores, una de ellas es la ecología, la cual nos ha llevado a replantearnos nuevas maneras del desarrollo humano o, si puede decirse, neo-desarrollos de la vida humana y a mostrarnos los alcances del consumismo excesivo, el que ha creado una sociedad insaciable, donde la felicidad se mide en términos de posesiones materiales.  

La economía suele definirse como una ciencia social que se ocupa de la racionalización del uso de los recursos para producir y distribuir bienes y servicios en la sociedad. Pero si vamos un poco más allá, podemos pensarla en distintos aspectos: la riqueza, la materia prima, el mundo laboral y fuerzas productivas, entre otros; y, a su vez, podemos relacionarla desde una perspectiva filosófica con dos campos de reflexión que dialogan con ella: la ecología y el desarrollo humano. En efecto, las crisis surgidas al final del siglo XX y que aún continúan (efecto invernadero, el desgaste de la capa de ozono, crisis medioambientales, desigualdad social en sentido laboral, salud y educación) han habilitado a la filosofía para reflexionar, conceptualizar y generar una toma de conciencia crítica frente a los fenómenos que hoy emergen como consecuencia de la llamada posmodernidad. 

 

En las olimpiadas de filosofía se construye un lugar de enunciación para darle voz a la toma de conciencia que los jóvenes de hoy hacen sobre las consecuencias de las prácticas de vida que nos lleva a replantear nuestro modo de habitar en la casa común, para pensar los diferentes modelos de economía como una ontología del presente que construye nuevas subjetividades, tales como el ser neoliberal, que, en términos de Laval y Dardot (2018), construye nuevas biografías a través del mercado, una esfera donde la vida social y personal demanda costos que llevan a tener que pagar por un desarrollo humano integrado; pagar por la salud la educación y hasta para laborar. Como bien observa Sandel (2013): “La intromisión de los mercados, y del pensamiento orientado a los mercados, en aspectos de la vida tradicionalmente regidos por normas no mercantiles es uno de los hechos más significativos de nuestro tiempo” (p. 84). 

Por lo anterior, es urgente redefinir nuestra relación con los valores del mercado y recuperar principios que prioricen el bienestar humano, social y ambiental. Las Olimpiadas de Filosofía invitan a pensar juntos una cultura que recupere la solidaridad, la empatía y la justicia por encima del beneficio económico.  Del mismo modo, podremos construir un futuro donde las personas y sus necesidades sean el centro de nuestras decisiones y no tanto el de una economía centrada exclusivamente en el máximo provecho de los bienes naturales. 

 

Referencias bibliográficas 

Sandel, M. (2013). Lo que el dinero no puede comprar: los límites morales del mercado. Debate. 

Ordine, N. (2013). La utilidad de lo inútil. Acantilado. 

Laval, C. & Dardot, P. (2018). El ser neo-liberal. Gedisa. 

Foucault, M. (2007). Nacimiento de la biopolítica, Curso en el Collège de France (1978-79). Fondo de cultura económica.     

 

Bibliografía adicional sugerida

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